
Hay regalos que se compran.
Y luego están esos regalos que dicen: "he pensado en ti, en tus ratos, en tus recuerdos y en esa parte de ti que también necesita descansar del mundo adulto".
Porque sí, se acerca el Día de la Madre y empieza el clásico drama nacional: ¿Flores? ¿Perfume? ¿Otra taza con frase intensa? ¿Un electrodoméstico camuflado de detalle?
Spoiler: si lleva enchufe y no lo ha pedido expresamente, igual no es amor. Es riesgo.
Si creciste con la Game Boy, merendabas Bollycao y rebobinabas cintas con un boli Bic, sabes que los mejores regalos no siempre son los más caros. A veces son los que te devuelven, aunque sea un ratito, a cuando la vida era más lenta, los sábados sabían a dibujos animados y el mayor drama era que se acabaran las pilas del walkman.
Un poco de historia, pero sin chapa de profe
El Día de la Madre no lo inventó El Corte Inglés, aunque a veces lo parezca.
La historia viene de lejos. En la Antigua Grecia ya se rendía homenaje a Rea, madre de los dioses, que ya debía de estar bastante ocupada gestionando semejante familia.
Pero la versión moderna se la debemos a Anna Jarvis, que en 1908 quiso reconocer el trabajo, el amor y el esfuerzo de las madres. Lo curioso es que, cuando la fiesta se volvió demasiado comercial, ella misma acabó renegando de las tarjetas prefabricadas y de los regalos sin alma.
Y aquí estamos nosotras, más de un siglo después, diciendo: Anna, amiga, te entendemos.
Porque una madre no necesita otro trasto. Necesita un momento suyo.
Por qué una madre necesita un momento Pin Pon
Ser madre hoy es vivir en modo pantalla partida: trabajo, casa, hijos, listas mentales, horarios, lavadoras, mensajes del cole, "mamá, no encuentro la sudadera" y esa sensación permanente de que alguien ha escondido el botón de pausa.
Por eso, este año proponemos regalar algo muy sencillo y muy poderoso:
Un rato.
Un rato sin móvil. Un rato sin "mamá, ven". Un rato sin tener que ser útil. Un rato para colorear, respirar y acordarse de aquella niña ochentera que sigue ahí dentro, aunque ahora tenga agenda, responsabilidades y contracturas cervicales nivel jefa final.
El regalo: mandalas, nostalgia y rotuladores neón
Nuestro libro Mandalas para niños que crecieron en los 80 es justo eso: un viaje a aquellos años de bocatas, cintas de casete, juguetes míticos, tardes sin wifi y dramas mucho más manejables.
Es un libro para colorear, sí. Pero también es una excusa para parar.
Y como sabemos que un mandala ochentero sin color es como una fiesta sin Naranjito, esta semana tenemos un detallito especial:
Todos los pedidos que salgan esta semana llevarán de regalo una cajita de rotuladores neón.
Porque si vamos a colorear los 80, que brillen. Que para grises ya está la declaración de la renta.
Nuestro pequeño homenaje
Este detalle nos hace especial ilusión por una razón muy nuestra.
Nosotras ya no podemos prepararles un regalo a nuestras madres. Ya no podemos aparecer con un paquete, unas flores o una tontería comprada a última hora con cara de "me he acordado, pero justito".
Y claro que eso se nota.
Pero precisamente por eso nos gusta pensar que, de alguna manera, este año podemos colarnos un poquito en los regalos de otras madres. Que alguna abra su libro, encuentre ese detalle extra y piense: "anda, qué bonito".
Y nosotras, desde nuestro pequeño universo pinponero, sentiremos que algo de ese cariño sigue circulando por ahí.
Como las cintas grabadas de la radio: con algún ruido de fondo, pero con todo el corazón.
Un regalo pequeño, pero con rato incorporado
La idea no es regalar solo un libro.
La idea es regalar una excusa.
Una excusa para sentarse un rato, poner música de fondo y colorear sin pensar en la lista de la compra, en la lavadora pendiente o en quién ha dejado otra vez el vaso en el fregadero.
El libro pone los mandalas.
Los 80 ponen la nostalgia.
El detallito extra pone el color.
Y tú, si quieres hacerlo bien de verdad, pones la parte más importante:
El rato.
Porque al final el regalo no va solo de pintar. Va de decirle a alguien: "para un momento, que esto es tuyo".
Y si se lo regalas a tu madre, a tu pareja, a tu hermana, a tu amiga madre o a esa mujer que siempre está sosteniendo demasiadas cosas a la vez, añade una frase sencilla:
"Este rato es para ti. Yo me encargo."
Eso sí que es fantasía adulta. Y no lo de tener la casa recogida más de diez minutos.
Menos cosas útiles y más momentos bonitos
Este Día de la Madre, igual no hace falta buscar el regalo perfecto.
Igual basta con regalar algo que diga: "te veo, sé que haces mucho y te mereces un rato para ti".
Y si además ese rato viene con mandalas ochenteros y un poquito de brilli brilli emocional, pues mira, mejor que mejor.
Que las madres ya tienen bastante con sostener el mundo. De vez en cuando, que coloreen ellas el suyo como les dé la gana.
Si quieres preparar un regalo con alma, esta semana te lo ponemos un poquito más fácil.
👉 Ver el libro + el detallito neón
¿Y tú? ¿Cuál ha sido el peor regalo que has hecho o te han hecho por el Día de la Madre? Confiesa en comentarios. Prometemos no juzgar mucho. Bueno, un poquito sí.
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